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Textos de Jari Iivanainen






Echa mano de la vida eterna
(1 Ti 6:12)
















Jesús es el camino, y la verdad, y la vida (Jn 14:6)






 

¡El abismo fue cruzado!

 

 

 

Los dos mandamientos más importantes 

 

Las dos relaciones y los dos mandamientos más importantes son amar a Dios y a nuestro prójimo, como dijo Jesús. Toda la ley y los profetas se basan en estos dos mandamientos:

 

Mt 22:36-38 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?

37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

38 Este es el primero y grande mandamiento

Mt 22:39,40

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

 

 

El contenido de la Ley

 

En cuanto concierne al segundo de estos dos mandamientos, ciertamente es algo bueno si somos capaces de amar a nuestros semejantes. Si todos hiciéramos esto, el mundo sería un lugar muchos mejor. La mayoría de los sufrimientos acabarían en seguida.

   Es interesante que la ley más importante fuera escrita en el corazón de cada ser humano. Todos tenemos un entendimiento natural sobre cómo tratar correctamente a nuestro prójimo y sobre lo que es comportarse mal con los demás. Pueden verse ejemplos de esto en religiones del mundo (Karma – el hombre cosecha lo que siembra) y en leyes humanas que consideran condenable las ofensas como el robo, el asesinato y la violencia física. En todos estos temas, se ha comprendido que algunos actos están bien y otros mal, y que para estos últimos habrá consecuencias.

   De la misma manera, la ley del bien y del mal aparece en nuestras relaciones con nuestro prójimo y con nosotros mismos. Jesús dijo, “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.” (Mt 7:12) y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mt 22:39). En otras palabras, como nadie quiere que le hagan cosas malas a él –que lo engañen, que le roben algo, que otro tome su esposa o actúe con violencia contra suya- así tampoco tiene que hacerle estas cosas a los demás. Amándose a sí mismo uno puede ver cómo amar a su semejante y darse cuenta de lo que está bien y mal.

 

- Todo bien, dijo Bonelli. Nadie defiende el robo. ¿Qué sigue ahora?

 - Es lo mismo con mentir, dijo Weber. La gente miente, pero nadie quiere ser engañado.

- ¿Y qué en cuanto al asesinato?

- También es una práctica universal, aunque no todos la siguen.

- (…) Es algo generalmente aceptado que el hombre sea ambas cosas: un ser intelectual y moral, comenzó de nuevo. Podemos presentar el siguiente resumen de esto: algunos niegan las normas morales; pero aunque algunos roban, nadie quiere ser robado; aunque algunos mienten, nadie quiere ser engañado; aunque algunos asesinen a personas, nadie quiere que lo maten.

   Esta es la explicación de la moral del ser humano. Hay un ser intelectual y moral, originador, detrás de la moral y del cerebro humano, porque no podemos encontrar explicaciones para el intelecto y la moral humana de la simple materia. (1)

 

Pablo también enseña sobre el bien y el mal en el corazón del hombre. Él habla sobre los gentiles que no tienen información sobre Dios pero quienes, sin embargo, entienden que algunos actos están mal y otros están bien. Entienden la diferencia entre estas dos cosas, aunque no siempre actúen en concordancia. Esto indica que realmente tenemos una comprensión del bien y del mal, aunque nuestras acciones no siempre concuerden con nuestro conocimiento.

 

- (Ro 2:14,15) Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,

15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos.

 

El abismo entre Dios y el hombre. La ley de Dios, o su perfecta voluntad, tiene relación con un enorme problema, y es que  ninguno de vosotros cumple la ley” (Jn 7:19). Nadie jamás puede satisfacer las demandas de Dios.

   El hecho es que todos somos pecadores y ni siquiera estamos cerca de ser como Dios demanda. Puede haber pequeños y grandes pecadores en el mundo, pero sigue habiendo un abismo tan inmenso entre Dios y el hombre que nadie puede cruzarlo por sí mismo. Todos estamos en una situación desesperante en lo que respecta a tener la aprobación de Dios, como lo indica la siguiente figura:

 

 

 

 

 

La siguiente cita indica cómo un inmenso abismo nos separa a nosotros de la perfección de Dios. Algunos podrán ser un poco mejores que otros pero esto tiene poca importancia. El abismo sigue existiendo y es imposible cruzarlo:

 

"Espera, te daré un ejemplo: en promedio el hombre puede saltar, digamos, dos metros. Una persona que practica deporte y está en buen estado quizás pueda saltar cinco metros. Y si es un campeón olímpico puede saltar casi nueve metros, pero saltar un poco más que eso es casi imposible en nuestra generación. Supongamos entonces que estamos parados en el abismo de un cañón de 200 metros de ancho. Nadie de nosotros tiene la capacidad de saltar hasta el otro lado de ese abismo, ¿no es cierto? Bien, veamos ahora esto como una alegoría: El abismo es el abismo del pecado y Dios está del otro lado. Él inspeccionó buscando a pobres inválidos como nosotros y se compadeció de nosotros. Él supo que era imposible que nosotros fuésemos hasta donde está Él por nuestros propios medios. Por esa razón Él envió a su propio Hijo, Jesús, que es el puente entre Dios y el hombre. Jesús es el Mediador entre Dios y el hombre. Con Él podemos estar confiados, porque de acuerdo con sus propias palabras Él es “el camino, la verdad, y la vida”! Yo sé que hay muchos que rechazarán esta solución divina porque les parecerá demasiado fácil. Querrán más bien hacer algo por sí mismos para salvarse, pero ¡ningún esfuerzo humano puede llevarnos hasta Dios, y por nosotros mismos caeríamos irremisiblemente por el abismo!” (2)

 

El abismo fue cruzado. A pesar de que hay un gran abismo entre Dios y nosotros, la Biblia enseña que Jesús descendió del cielo y unió ese abismo. Él vino a vivir bajo la ley (Gá 4:4,5) Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,  para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.)

Él cumplió la ley y siempre actuó de acuerdo con la voluntad de su Padre, (Jn 6:38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió). Él vino del cielo e hizo todo lo que nos era imposible de hacer a nosotros, pecadores.

   ¿Cuál fue el resultado de la acción de Jesús? La Biblia enseña que ahora todo ser humano tiene la posibilidad de tener una relación con Dios y recibir el perdón de sus pecados por medio de Jesús, si tan sólo pone su confianza y su fe en Él (Hch 16:31 dice, cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, tú y tu casa). Ahora ninguno de nosotros necesita alcanzar la perfección, sino que la misma se nos adjudica por gracia y por medio de Jesucristo. Por medio de Él es posible unir el abismo entre Dios y el hombre:

 

 

 

 

Recibir la gracia. Ya hemos notado que Jesús une el abismo entre Dios y el hombre y es nuestro Mediador. (Hebreos 9:15: Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.) Por lo tanto, podemos recibir salvación solamente por medio de Jesús. Solamente volviéndonos a Él, y por medio de Él, podemos recibir perdón para nuestros pecados porque Él ya ha preparado todo para nosotros. Por eso, ven a Él, así tú también recibirás la gracia de Dios y el perdón de tus pecados:

 

- (Jn 5:40) Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.

 

- (Jn 14:6) Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

 

- (Hch 4:11-12) Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.

12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

 

- (Hch 10:43) De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.

 

Jesús cumplió la Ley e hizo posible cruzar el abismo entre Dios y el hombre, y por medio de Él vino gracia. (Jn 1:17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo). Está claro que hemos de recibir esta gracia para que seamos salvos. Si le damos la espalda a Jesús y a la gracia, nada bueno vendrá de ello, como lo ilustra el ejemplo de abajo. Por eso, no le des la espalda al llamado de Dios:

 

En 1892 Wilson y Porter fueron sentenciados a la horca por un robo al correo. Porter fue ejecutado, pero Wilson fue perdonado. Él rechazó su indulto, y el juez John Marshall de la corte suprema dejó la siguiente sentencia para las futuras generaciones:  ”Perdonar es un acto que no es legal sin la liberación de la persona, y la liberación no es perfecta sin aceptarla. La persona a la que se la ofrece puede rechazarla, y no consideramos que le corresponde a la corte imponerla por la fuerza.”

   La responsabilidad, como ves, es tuya. Si tú no aceptas el perdón de Dios, Él no te obligará a hacerlo.”¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (He 2:3) (1)

 

LA ORACIÓN DE SALVACIÓN: Señor, Jesús, vengo a ti. Confieso que he pecado contra ti y que no he vivido de acuerdo con tu voluntad. Sin embargo, quiero apartarme de mi pecado y seguirte con todo mi corazón. Creo también que mi pecado ha sido perdonado por tu sacrificio y que he recibido vida eterna por medio de ti. Te agradezco por la salvación que me has dado. Amén. 

 

 

 

REFERENCIAS:

 

1. J. Edwin Orr: (100 Questions about God), págs.50 - 52

2. Jakov Damkani: (Why me?), pág. 107,108

3. Oswald J. Smith: Jumalan pelastus, pág. 35

 

 

  

 

 

 

Jari Iivanainen

 

 




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