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Textos de Jari Iivanainen
La edad de la tierra y el universo





Echa mano de la vida eterna
(1 Ti 6:12)
















Jesús es el camino, y la verdad, y la vida (Jn 14:6)






 

CAPÍTULO 1 -
Evidencias en el espacio

 

 

 

En cuanto a la edad de la Tierra y el universo, a menudo se estima que son muy antiguos – al menos 4,5-15 billones de años. En otras palabras, se asume que comenzaron a existir alrededor de ese tiempo, y nada se refiere al universo como reciente. Interesantemente, esta opinión acerca de la edad de la Tierra y el universo se propagó simultáneamente con la teoría de la evolución. Mientras la teoría de Darwin ganaba aceptación, la gente comenzó a creer que el universo era más y más viejo porque se creía que la evolución llevaba tiempo.

   Podemos preguntarnos, sin embargo, ¿es esa idea cierta? ¿La Tierra y el universo son tan viejos como se afirma?

   A continuación estudiaremos la supuesta antigüedad y consideraremos si la idea tiene fundamento o no. Vamos a estudiar el caso principalmente desde el punto de vista de lo que indican las evidencias en el espacio próximo. Los temas de este capítulo son:

 

- Alejamiento de la Luna

- Contracción del Sol

- Polvo especial en la superficie de la Luna y de la Tierra

- La edad de los cometas

- Debilitamiento del campo magnético de la Tierra

- Helio en la atmósfera

 

ALEJAMIENTO DE LA LUNA. En primer lugar, el alejamiento de la Luna es algo que no sustenta la idea de billones de años. Se ha descubierto que cada año la distancia entre la Luna y la Tierra aumenta alrededor de 4,5 centímetros (1,7 pulgadas) (revista de ciencia Tieteen kuvalehti 5 / 1991). La razón para que esto suceda debe ser, principalmente, el fenómeno de la marea en la Tierra.

  Además, se calcula que la velocidad de distanciamiento de la Luna debió ser mayor en el pasado, ya que la Luna habría estado más cerca de la Tierra. De acuerdo a estos cálculos, la Luna habría estado originalmente adjunta a la Tierra hace aproximadamente 1,4 billones de años:

 

(…) pero esto hace que en un largo período de tiempo, el tiempo de rotación de la Tierra será el mismo que el de la Luna alrededor de la Tierra. La energía rotatoria que es liberada de la Tierra se convierte en energía cinética de la Luna y, como consecuencia de esto, la Luna se distancia de la Tierra aproximadamente 4,5 centímetros cada año. (1)

 

La Luna se aleja de la Tierra a una velocidad de aproximadamente 4,5 centímetros al año. Esto es causado por la fricción de la marea, por ejemplo. La fricción habría sido mayor cuando la Luna estaba más cerca, y también lo habrían sido los efectos de la marea. Debemos considerar, además, que la velocidad a la que la Luna se ha estado distanciando de la Tierra habría sido más elevada cuanto más cerca de la Tierra hubiese estado girando la Luna, así que “hace 1,4 billones de años” ¡la Luna habría tocado la Tierra! (2)

 

Por tanto, las cifras de arriba indican que deberíamos cuestionar nuestro pensamiento acerca de la escala de tiempo geológico y sus cinco billones de años. No pueden ser ciertos, porque si la Luna habría estado tan cerca de la Tierra o incluso añadida a ella (1,4 billones de años atrás), ¡toda la corteza terrestre podría haber sido derretida y habrían habido problemas con la vida! (La idea del derretimiento de la corteza de la Tierra fue presentada en el libro Maapallo ja avaruus, pág. 47. De acuerdo al libro, la corteza terrestre no podría haber permanecido sólida si la Luna hubiese estado suficientemente cerca de la Tierra.) De la escala de tiempo geológico, de los que son determinados períodos de la Tierra, deberíamos quitar al menos 3-4 billones de años. No existe otra posibilidad.

   Además, se calcula que si la Luna hubiese estado a sólo un quinto más cerca de la Tierra de lo que está hoy en día (la distancia entre la Luna y la Tierra ahora es de 384.000 km. Un quinto de esto sería aproximadamente 77.000 km), los continentes habrían estado cubiertos por la marea dos veces por día. Esto también habría presentado un problema mayor para la vida. Si hubiese habido vida en los continentes en ese entonces, no podría haber sobrevivido, porque las aguas habrían ahogado todos los organismos vivos.

 

CONTRACCIÓN DEL SOL. En segundo lugar, es bueno hablar acerca del Sol, porque tiene un gran efecto en nuestras vidas. Se ha observado con anterioridad que la vida en la Tierra no puede ser eterna, porque la segunda regla más importante de la termodinámica y la existencia limitada del Sol ponen sus propias limitaciones a la vida. Ellas indican que debe haber habido un momento en que el Sol comenzó a brillar sobre la Tierra, cuando la vida comenzó.

   En cuanto a la edad del Sol, frecuentemente se ha afirmado que el Sol tiene casi cinco billones de años de antigüedad. Se piensa que el Sol nació en esos tiempos y que comenzó a despedir luz y calor al espacio. También se cree que la Tierra y otros sistemas solares nacieron más o menos al mismo tiempo, es decir, hace aproximadamente 4 - 5 billones de años.

   Sin embargo, algunas observaciones –aquellas relativas a la contracción del Sol, por ejemplo– no sustentan la idea de que el Sol sea tan antiguo. Si la velocidad de contracción ha sido, por ejemplo, de un centímetro (0,3 pulgadas) cada día en un período de cinco billones de años, llegaríamos al siguiente resultado:

 

- Si el Sol se hubiera contraído un centímetro (0,3 pulgadas) cada año por cinco billones de años, habría estado en un principio a 18,25 millones de kilómetros (19.958,4426947 yardas) más cerca de la Tierra de lo que está hoy en día (la distancia entre el Sol y la Tierra es 150 millones de kilómetros (164.041,9947507 yardas).

 

- Si el Sol se hubiera contraído 10 centímetros (3,9 pulgadas) cada año, la Tierra ya sería parte del Sol.

 

Sin embargo, el Sol no se contrae tan lentamente; en lugar de eso, se contrae casi tanto como varios metros por día. De acuerdo a observaciones meridianas del Observatorio de Greenwich (Lubkin, G.B., "Analysis of Historical Data Suggest Sun is Shrinking", Physics Today, Septiembre 1979, págs. 17-19), ¡la velocidad de contracción ha sido de aproximadamente 0,1% por siglo o casi 38 metros (41,5 yardas) por día o 13 kilómetros al año!

   Un artículo de la revista Ciencia (Tieteen kuvalehti 2 / 1998) trata el mismo tema. De acuerdo a la revista, si nos basamos en observaciones astronómicas hechas por Jean Picard en los 1600, las cuales se consideran muy precisas, nos encontraremos con que el diámetro del Sol en ese entonces habría sido 4.000 kilómetros (2.485,4847689 millas) más que en este momento. Si dividimos 4.000 km por 400 años, también llegamos a una velocidad de contracción de por lo menos 10 km anuales.

   Grandes cifras como estas indican que la Tierra no puede tener millones de años, sin mencionar billones de años, porque la Tierra habría sido parte del Sol hace 11 millones de años, y esto habría hecho imposible vivir en la Tierra. Si confiamos en estas observaciones, podríamos concluir con que el Sol tiene sólo un par de miles de años, no billones de años de antigüedad.

   La siguiente cita de un libro de ciencia (Ian Nicolson y Patriot Moore, Tieteen maailma: aurinkokunta, pág. 100, la obra original: The Solar System) discute el mismo asunto. El texto se refiere al encogimiento del Sol y destaca cómo no encaja con los supuestos largos períodos de tiempo:

 

Basado en un análisis del diámetro del Sol fundamentado en cambios diarios observados desde el año 1836 hasta el año 1954, el astrofísico norteamericano John Eddy presentó una teoría de acuerdo a la cual el Sol está reduciendo su tamaño a un velocidad sorprendente: 0,1% por siglo. Este fenómeno no puede ser invariable, porque eso significaría que hace 100.000 años, el Sol era el doble de grande comparado con lo que es hoy y que 100.000 años atrás, sería del tamaño de un alfiler.

 

POLVO ESPACIAL EN LA SUPERFICIE DE LA LUNA Y DE LA TIERRA. Cuando seguimos estudiando el espacio próximo y el tiempo, encontramos indicios de cómo estas órbitas no pueden ser muy antiguas: la pequeña cantidad de polvo de meteorito que llega del espacio a la superficie de la Luna y de la Tierra. El polvo que llega a la superficie de estas órbitas contiene una gran cantidad de níquel y hierro (el polvo contiene aproximadamente 300 veces más níquel que el suelo), por lo que debería ser fácil distinguirlo de otros materiales terrestres. Se estima que la cantidad anual de polvo que cae a la Tierra es de 14 millones de toneladas.

   Sin embargo, es sorprendente que no haya capas gruesas de polvo de meteorito en la superficie de la Tierra o de la Luna. Si este polvo níquel-ferroso hubiera seguido cayendo a la Luna y a la Tierra por alrededor de 5 billones de años, debería haber entre 50 y 200 metros (54-218 yardas) de él en sus superficies, pero nada parecido ha sido encontrado. Sólo hay unos 3 milímetros de polvo en la superficie de la luna (0,1 pulgada), no decenas de metros. Estas pequeñas cantidades no son compatibles con largos períodos de tiempo.

   La misma situación puede observarse en la siguiente cita. El texto revela que la pequeña cantidad de polvo espacial fue una de las grandes sorpresas del viaje a la Luna. Fue asumido de antemano que el polvo sería uno de los mayores problemas durante el viaje:

 

Un ligero contacto con el dedo en la superficie brillosa de un escritorio nos dice cuánto polvo hay allí. Todo lo que sabemos es que la cantidad de polvo actúa como una especie de reloj que dice cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que se limpió el escritorio.

   Este “reloj de polvo” da la hora correcta si sabemos cuánto polvo se acumula en promedio en un día, en una semana, etc.

   …Desde mediados de los ’60, los científicos de la NASA gastaban toda su energía tratando de anticipar las condiciones en la superficie de la Luna. La superficie de la Luna está muerta. No hay agua o viento para mover el polvo espacial allí acumulado. Los investigadores que creían en la teoría de la evolución calcularon que había una capa de polvo espacial de 50-200 metros (54-218 yardas) de grosor en la superficie de la Luna, y que la nave espacial se sumergiría en esta capa. Por eso se construyeron grandes pies de aterrizaje para el vehículo lunar, por ejemplo. El astronauta Neil Armstrong informó públicamente que la cantidad de polvo espacial sería uno de los aspectos más difíciles del viaje a la Luna y éste era el problema al que más le temía.

   La transmisión mundial mostró qué aconteció cuando la nave espacial descendió a la Luna.

   El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong puso pie en la superficie lunar. Su pie tocó una superficie dura y sólida que sólo tenía un par de centímetros de polvo espacial (menos de una pulgada).

   Los expertos procedieron con sus cálculos. La cantidad de polvo sugería que la edad de la Luna era inferior a los 10.000 años (…) (3)

 

LA EDAD DE LOS COMETAS. Las órbitas que se mueven en el sistema solar también incluyen cometas que giran alrededor del Sol. Éstos tienen colas muy largas – la cola más larga que se midió era de 320 millones de kilómetros – y son fenómenos escasos que se desplazan a lo largo de sendas elípticas en el sistema solar. Normalmente, un cometa puede observarse a simple vista cada cinco años, pero con un telescopio es posible ver alrededor de siete cometas al año.

   No obstante, hay que considerar que los cometas no son antiguos, porque cada vez que completan una ronda de su órbita, pierden parte de su masa como causa de su proximidad con el Sol. Se estima que la mayoría de los cometas –se sabe que existían muchos más en el pasado– se desintegran en polvo en aproximadamente 10.000 años. Los cometas incluso no podrían existir si tuvieran cientos de miles o incluso millones de años de antigüedad. Su fecha de nacimiento debe ser mucho más cercana al presente:

 

Cada vez que un cometa pasa por el Sol, parte de su masa se pierde. Según los cálculos, un cometa pierde una capa que mide de uno a tres metros de grosor en cada ronda. Por tanto, un cometa no puede soportar más que unos pocos miles de rotaciones antes de desintegrarse. (4)

 

Respecto al nacimiento de nuevos cometas, no hay evidencia clara, incluso si se considera que nuevos cometas hayan nacido en un lugar helado (la llamada Nube de Sobra) en algún lugar fuera del sistema solar, desde donde empiezan a desplazarse.

   Una razón para dudar acerca de la existencia de este lugar es que no hay prueba acerca de él. Sólo hay teorías, según las cuales el universo tiene millones o billones de años de edad.

   Incluso si existiera un depósito semejante, ¿cómo podrían estos objetos comenzar a moverse desde allí? Seguro que no podrían moverse por sí mismos; se quedarían en el lugar. Sólo una estrella visitante podría moverlos, pero como las órbitas de los cometas no se extienden muy lejos fuera del sistema solar, eso también es imposible.

   La única conclusión sensata es que el movimiento de los cometas es imposible si el sistema solar tiene cinco billones de años. Los cometas y el sistema solar deben tener sólo miles de años de antigüedad: 

 

Otro reconocido investigador, Harold Slusher, afirmó que de la parte polvorienta de un cometa, los investigadores pueden concluir que su edad es inferior a los 10.000 años. Al examinar grandes cantidades de polvo y la intensidad de la radiación de las estrellas a su alcance, fuera de nuestro sistema solar, han llegado a la misma conclusión. El espacio es muy joven. La composición del polvo espacial y el número de cometas efímeros son un excelente reloj que da los tiempos exactos a los investigadores. (5)

 

DEBILITAMIENTO DEL CAMPO MAGNÉTICO DE LA TIERRA. Volviendo a las proximidades de la Tierra, un indicio de la edad temprana del planeta es el decisivo debilitamiento de su campo magnético. Se ha observado que el campo magnético de la Tierra que va más lejos de la órbita de la Luna ha perdido la mitad de su fuerza cada 1.400 años; en otras palabras, el campo magnético de la Tierra era dos veces más poderoso hace 1.400 años. Estas observaciones respecto al cambio en el campo magnético están basadas en medidas muy precisas que han sido tomadas por alrededor de 170 años. Un artículo llamado Maan magneettikenttä pienenee jatkuvasti (“El Campo Magnético de la Tierra Decrece Continuamente”) en la revista Uusi Suomi el 26 de febrero de 1990 afirma lo siguiente:

 

En el año 1200, la fuerza del campo magnético era de 1,4 y doscientos años después de 0,8. Las observaciones también indican que la reducción ha continuado los pasados cien años. (…) La disminución anual ha sido de menos de 0,0001 y ha variado entre 0,7 y 0,5 (…)

 

Si sacamos conclusiones del rápido debilitamiento del campo magnético de la tierra, obtenemos resultados interesantes. Si el campo magnético se ha debilitado a la misma velocidad, esto significa que la fuerza del campo en distintos momentos del pasado habría sido aquella abajo mencionada. Estas cifras indican que la Tierra no puede tener cientos de miles de años de edad, sin mencionar millones o billones de años. Estos datos también demuestran que si la Tierra hubiese existido sólo 10.000 años atrás, por ejemplo, habría sido como una estrella magnética, y 50.000 años atrás, la fuerza del campo magnético habría sido similar a la de una estrella al final de su vida (Thomas G. Barnes, Origin and Destiny of the Earth’s Magnetic Field, 1973, p. 7 pp. 23; al igual que ”Earth’s Magnetic Field”, The Challenge of Design, The Sixth National Creation Science Conference, Wichita, Kansas, 1978, p.98). Estas cifras fijan sus propias limitaciones a la edad de la Tierra:

 

1.400 años atrás - dos veces más que ahora

2.800 años atrás - cuatro veces                   

4.200 años atrás - ocho veces                        

5.600 años atrás - dieciséis veces                         

7.000 años atrás - treinta y dos veces                      

14.000 años atrás - 1.024 veces

28.000 años atrás - 1.048.576 veces

50.400 años atrás - 68.719.400.000 veces

 

HELIO EN LA ATMÓSFERA. El campo magnético de la Tierra sugiere una corta edad, tal como el helio en la atmósfera. El helio entra a la atmósfera todo el tiempo mediante la desintegración radiactiva pero el problema es que hay sólo una fracción de su supuesta cantidad en la atmósfera (1/2500). El problema se vuelve aun mayor porque una parte del helio puede ser original o llegar a la atmósfera desde el espacio exterior. Por ese motivo, la cantidad de helio en la atmósfera no condice con la escala de tiempo geológico de billones de años:

 

La primera sorpresa: Exámenes indican que el helio no se escapa a la atmósfera en grandes proporciones. La segunda sorpresa: El helio no se levanta a la atmósfera sino que se distribuye equitativamente en ella. El investigador atmosférico Larry Vardiman (el coordinador del Grupo RATE) ha demostrado que en la atmósfera hay sólo 0,04% del helio que debería haber si la Tierra tuviese billones de años de antigüedad. Vardiman escribe:

 

Si no hubiera helio cuando la Tierra fue formada, la densidad del helio medida actualmente (…) habría sido alcanzada en cerca de dos millones de años. Este tiempo es 2.500 veces más corto que la supuesta edad de la Tierra. Los físicos atmosféricos que creían en la edad larga, tales como [J.C.G.] Walker, afirman que “…la cantidad de helio en la atmósfera parece ser un problema”. [J.W.] Charberlain sostiene que este problema del escape del helio “no parece desaparecer sino que sigue sin resolverse”. (6)

 

El comentario de Vardiman de que el helio en la atmósfera “habría sido producido en cerca de 2 millones de años” no significa que él crea que la Tierra tenga 2 millones de años. Él se refiere a un problema en la escala del tiempo de la evolución. Dos millones de años es un tiempo insignificante desde el punto de vista de la evolución. Es aproximadamente el tiempo que se cree que le tomó al Homo erectus convertirse en Homo sapiens. Vardiman cree que el helio en la atmósfera es casi completamente original – en otras palabras, era parte de la creación original de la Tierra – y muy poco de él es resultado de la desintegración radiactiva. (7)

 

 

  

 

 

 

Jari Iivanainen

 

 




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