Página principal
Textos de Jari Iivanainen






Echa mano de la vida eterna
(1 Ti 6:12)
















Jesús es el camino, y la verdad, y la vida (Jn 14:6)






 

¿QUIEN IRÁ AL CIELO?

 

 

 

En cuanto al cielo, algunos podrán pensar que solo es una esperanza, o dudar de su existencia. Pueden decir, “Nadie ha ido al cielo y vuelto de allí, así que ¿por qué creer en eso?”

   Es importante notar que la Biblia enseña sobre el cielo en muchos lugares. Jesús declaró directamente: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn 6:38), así que Él ciertamente tiene conocimiento sobre este tema. Igualmente, Él dijo, ”No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Jn 14:1-3).

   Pablo escribió sobre el mismo tema. Él dijo, “Antes bien, como está escrito: ”Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. ” (1 Co 2:9) y ”Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” (Ro 8:18).

   Además, él enseñó y escribió sobre un cuerpo nuevo, glorificado y perfecto:Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, (1 Co 15:53) y en Filipenses (3:20,21): ”Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

   Quizás la mejor descripción sobre el mundo venidero, la Jerusalén celestial y sus lugares con toda su gloria y sus goces puede ser encontrada en los capítulos 21 y 22 del libro de Apocalipsis. En ellos el cielo es descripto como un lugar puro y perfecto, que está libre de la maldición del pecado; allí hay un río puro de aguas vivas (22:1: ”Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.”), el trono de Dios y del Cordero; en el cielo no hay enfermedades, muerte ni noche (”Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche”), porque estas cosas habrán dejado de existir. De acuerdo con la descripción, es un lugar real, como el Mundo, aunque es eterno. Dios está presente en este reino:

 

- (Ap 21:1-6) Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

2 Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.

4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

6 Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

 

¿QUIÉN IRÁ AL CIELO? En la Palabra de Dios está claro que a los que van allí les espera un maravilloso futuro. Comparado con ganar el cielo, ganar una victoria deportiva, la lotería o conseguir otros logros terrenales, ciertamente son pequeñas ganancias. Todas las cosas –también las cosas buenas - son temporales, mientras que el reino de los cielos es eterno.

   Pero, ¿qué decir con respecto a la cuestión de ir al cielo? ¿Enseña la Biblia algo sobre quién puede ir allí, o sobre cómo podemos llegar allí? Esto no está siempre en claro para la gente; pueden tener ideas erróneas sobre esto que les impiden recibir vida.

   A continuación vamos a examinar dos de las ideas equivocadas más comunes sobre ir al cielo:

 

- Todos van al cielo

- Solo los buenos van al cielo

 

“TODOS van al cielo” Algunas personas tienen la idea de que todos los que viven en la tierra van a ir al cielo. Piensan que cuando la vida de alguien se termina, él automáticamente va al cielo, sin que importe cómo haya vivido. Dios no cierra las puertas; todos pueden entrar.

Analicemos la falta de lógica de este punto de vista.

 

¿Qué es verdad? Cuando un pastor de Finlandia escribió un libro Kaikki pääsevät taivaaseen (“Everyone will go to heaven”) unos años atrás, el nombre del libro (“Todos van al cielo”) generó la idea de que, un día, cada una de las personas de nuestro planeta tierra irán al cielo. La idea sugiere que nadie será dejado fuera.

   La primera cuestión es si esta idea proviene o no de la imaginación humana, o si está de acuerdo con los propósitos de Dios. Si suponemos que los Evangelios y los textos en el Nuevo Testamento – describiendo el cielo y enseñándonos como llegar allí - están todos en lo cierto, entonces la noción de que todos pueden ir allí no tiene respaldo. Al contrario, el Nuevo Testamento enseña que cierto grupo – los pecadores que no se arrepienten - quedará fuera de las puertas del cielo. En la carta de Pablo a los corintios (1 Co 6:9), por ejemplo, leemos, “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis...”  En Apocalipsis, versículo 21:27 dice: No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero. Los siguientes versículos continúan la idea de que algunas personas serán dejadas afuera del cielo:

 

- (Ap 22:14,15) Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

15 Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.

 

Así, los versículos previos indican que no todos irán al cielo. Los pecadores impenitentes serán dejados fuera.

   Es bueno entender que un Dios que perdona a pecadores que no se arrepienten no es un buen Dios. Sería tan malo como el mal que Él tan solo mirase al costado cuando la gente hiciese cosas malas. Sería moralmente más bajo que los humanos incluso, porque el mal nos produce una reacción opuesta y puede despertar nuestro sentido de justicia y enojo. No podemos esperar que Él le abra las puertas del cielo a la gente que no se arrepiente:

 

No comparto la misma opinión con los que dicen que el cielo está abierto para todos. Aunque le doy  gracias a Dios por no habernos puesto como jueces de nuestros semejantes, veo que la Biblia claramente enseña que hay personas que serán dejadas fuera de la Santa Ciudad, cuando su vida aquí en la tierra llegue a su fin.

   Uno de mis amigos me contó sobre una mujer joven que imaginaba que Dios nunca cerraría las puertas del cielo a alguien. Esa joven mujer entretenía a su pequeña sobrina un día contándole el cuento de “los niños en el bosque”. Cuando ella terminó la historia, la niña preguntó con ansiedad, “¿es que todos los niños van al cielo?” “Sí, querida, todos van al cielo”, contestó la tía.  “Pero, ¿qué pasará con el hombre malo?” preguntó la niña. “Oh, creo que Dios también lo puede recibir en el cielo.” “Pero, ¿no volverá matar niños allí nuevamente?” Inquirió la pequeña con ansiedad. La naturaleza práctica de la pregunta fue demasiado para la filosofía de la tía, y ella vio – como nunca antes - la imposibilidad para que el Dios justo actúe de esa manera. (1)

 

Las siguientes preguntas son, ¿cómo ir al cielo?¿qué necesitamos hacer?¿existe una guía clara?

   La respuesta es que si la gente que no se arrepiente y no es perdonada no entra al cielo, entonces las personas que se arrepienten genuinamente y reciben el perdón completo pueden entrar al cielo. El asunto es así de simple.

   Leamos la historia del hijo pródigo, que nos contara Jesús. Es un ejemplo de una persona que fue perdonada después de haber dado la espalda a su padre. Jesús contó que cuando el hijo se arrepintió, se volvió a su padre y confesó sus maldades, su padre estaba lleno de compasión y le dio la bienvenida al hogar. La puerta del cielo estaba abierta para él del mismo modo que estuvo abierta para el ladrón en la cruz. Jesús le dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43).

   Esto sigue siendo válido para nosotros hoy, Si nos volvemos a Dios, experimentaremos la misma aceptación. “Porque no hay acepción de personas para Dios” Todos pueden experimentar la misma aceptación que el hijo pródigo. Un día recibirán la bienvenida al reino de los cielos, a pesar de su pasado. La única condición que se nos pone es que primero nos volvamos a Dios y le confesemos lo que hemos hecho mal. Seremos perdonados inmediatamente. El problema con mucha gente que no se arrepiente es que nunca darán ese paso. No se vuelven a Dios ni le piden una nueva vida, así no pueden ser perdonados por sus pecados. No actúes de esa manera, sino vuélvete a Dios confesándole que has vivido apartado de Él. Entonces las puertas del cielo se abrirán para ti.

 

- (Lucas 15:17-20) Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.

19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.

20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

 

- (1 Juan 1:9) Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

 

“SOLO LOS BUENOS VAN AL CIELO” La segunda idea es que solamente los “buenos”, las personas con altos valores morales irán al cielo. Muchos creen que si alguien hace lo mejor, vive una vida moral y no es  tan malo como los demás, irá al cielo. Suponen que Dios los recibirá en primer lugar y les dará la bienvenida.

   Esta idea también está mal. Aunque las buenas obras y las actitudes morales son algo bueno, no pueden llevarnos a Dios y al cielo. Esto es así porque nadie es perfecto:

 

La perfección y el carácter de Dios. A pesar de que las buenas obras y la moralidad son cosas buenas, eso – o ser mejor que otros - no nos puede ayudar a entrar al cielo o acercarnos a Dios. Es como si debiéramos saltar un abismo de varios cientos de metros de ancho. Algunos de nosotros pueden saltar tres metros, otros seis metros, y algunos tanto como nueve metros si están en óptimas condiciones. A pesar de todo, cada uno de los saltos es demasiado corto. Aunque la gente pudiese saltar dos o tres veces esa distancia, sería insuficiente. La perfección está demasiado lejos. Cada uno de nosotros debe reconocer que estamos lejos de la perfección de Dios, como se nos dice, ”¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley?” (Juan 7:19). Es imposible que nosotros lleguemos al cielo llevando una vida moral, o haciendo buenas obras:

 

 

 

 

¿CÓMO PODEMOS IR AL CIELO? Dado que no todos podemos ir al cielo, ni siquiera aquellos que intentan vivir una vida buena y moral, podemos preguntarnos quién puede ir allí. ¿Nos da la Biblia respuestas a estas preguntas?

   La respuesta es que podemos ser salvos solamente de una manera: por gracia, lo cual viene de Jesucristo, quien ha hecho todo por nosotros. Porque las buenas obras y la buena moral no pueden llevarnos al cielo, debido a nuestra naturaleza imperfecta, pero Su gracia nos llevará allí. Aunque fuésemos pecadores groseros y sacrílegos, ateos, moralistas – no importa la condición humana - solamente podemos ser salvos y entrar al cielo por la gracia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo. La Biblia nos enseña que este es el único camino para ser salvos.

 

- (Ef 2:8,9) Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

9 no por obras, para que nadie se gloríe.

 

- (Ef 2:4,5) Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,

5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos.)

 

- (Jn 4:10) Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

 

- (Ap 21:6) Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

 

- (Ap 22:17) Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.

 

Por gracia y por Jesús. La fe en Jesús es el único medio al cielo. Lo es por la simple razón de que Él se ha convertido en nuestro mediador entre Dios y los hombres, o ha cruzado el abismo que nos separaba. Ahora todo se basa en la gracia, que ha venido por medio de Él:

 

 

 

 

 

- (Jn 14:6) Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

 

- (He 9:15) Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. 16 Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador.

 

- (Jn 1:17) Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

 

- (Ro 6:23) Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

 

- (Ro 3:24)  Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

 

- (Hch 10:43) De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.

 

- (Hch 13:38) Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados.

                

RECIBIENDO LA GRACIA. Todo ha sido hecho para nosotros, y solamente por medio de la gracia y la fe en Jesucristo nosotros podemos entrar al cielo. Debemos volvernos a Dios y recibir su gracia. Hemos de recibir a Cristo en nuestras vidas para que podamos ser salvos y entrar al cielo. Solamente creyendo en Él un día podremos entrar al cielo.

   ¿Qué pasa si rechazamos la gracia de Dios y a Jesús? ¿Qué pasa si no lo tomamos en cuenta e ignoramos la vida venidera? ¿Tiene eso alguna consecuencia sobre nuestra eternidad?

   La respuesta es que si rechazamos a Jesús y su regalo de vida eterna, ciertamente debemos pagar por nuestros pecados. Entraremos a la condenación eterna, e iremos a residir a un lugar del cual no hay escapatoria. Todo eso solo porque hemos dado la espalda a la única posibilidad de ser salvos e ir al paraíso de Dios. Hemos rechazado la única posibilidad de ir al cielo. Por eso, no vuelvas tu espalda a la gracia de Dios y sé salvo hoy, para que no tengas que lamentarlo más tarde. Es la mejor decisión que puedes tomar jamás:

 

En 1892, Wilson y Porter fueron sentenciados a ser ahorcados por el robo a un correo. Porter fue ejecutado, pero Wilson fue perdonado. Él rechazó su perdón, y el juez de la corte suprema John Marshall dejó a las futuras generaciones esta sentencia: “El perdón es un acto que no es legal sin liberar a la persona, y la liberación no puede efectuarse si ella no acepta el perdón. La persona a quien se le ofrece el perdón, puede rechazarlo, y no consideramos que corresponda a la corte hacerlo efectivo por la fuerza.”

   Como ves, tú tienes la responsabilidad. Si no aceptas la misericordia de Dios, Él no te obligará. “¿Cómo escaparemos si descuidamos una salvación tan grande?” (He 2:3) (2).

 

Mi amigo, si eres condenado no es a causa de tus pecados, sino porque no has recibido la gracia que Dios te ofrece por medio de Jesús. Por ello eso es justo. Si rechazas a Jesús, ¿qué puede hacer Dios? Entonces deshechas la única esperanza de salvación. (3)

 

LA ORACIÓN DE SALVACIÓN: Señor Jesús, vengo a ti. Te confieso que he pecado contra ti, y no he vivido de acuerdo con tu voluntad. Pero quiero apartarme de mis pecados y seguirte a ti con todo mi corazón. Creo también que mis pecados han sido perdonados por tu sacrificio y que he recibido vida eterna por medio de ti. Te doy gracias por la salvación que me has dado.

 

 

 

REFERENCIAS:

 

1. D.L. MOODY, Kristinuskon rikkaus, pág. 114

2. OSWALD J. SMITH, Jumalan pelastus, pág. 35

3. OSWALD J. SMITH, Maa johon kaipaan, pág. 89

           

 

 

 

Jari Iivanainen

 

 




shopify analytics ecommerce